Iniciativa Cuentame un cuento + mi cuento.

08:36


Esta es una iniciativa de Katia del blog Dragones Literarios que consiste en escribir un cuento cada mes y pues nada, aquí esta mi cuento (que salió más largo de lo que esperaba).








El palacio de Aurel, rey del Imperio de Eluweth brillaba gracias a los candelabros que iluminaban a las personas y otras criaturas que bailaban como si no hubiera ninguna diferencia entre ellos, como si no importara que algunos tuvieran orejas largas y puntiagudas, que otros tuvieran zarpas en vez de manos.
Así era en todas las celebraciones que el Rey Aurel organizaba.
Mientras las faldas y trajes de todos colores se mezclaban formando un caleidoscopio él estaba sentado en su trono observando la alegría que todos irradiaban, sus hijas sentadas en tronos pequeños a su lado también observaban pero no estaban tan contentas como él.

-¿Por qué nadie me saca a bailar?- preguntó su hija menor Rosamund con un toque de desesperación- Soy igual o más bella que Magdalin y Aleneite juntas.

Aurel no podía decirle que la razón de que nadie quisiera bailar con ella era porque nadie quería casarse con una chiquilla de 10 años, al menos él no dejaría que alguien se casara con su pequeña, aún no.
Su esposa había muerto hace dos años y le había prometido que cuidaría a sus hijas y no las entregaría a ningún viejo avaricioso, y era lo que trataba de hacer.





Media hora después seguía en su trono pero ahora estaba solo.
No tenía a sus hijas para hacerle compañía y estaba más nervioso por la tontería que había hecho: invitar a Deranni y Derya, diosas del amanecer y la noche. 
No sabía porque lo hizo, solo que cuando menos pensó sus sirvientes ya estaban enviando las invitaciones escritas por él a Deranni y Derya. No iban a ir, eso era seguro ¿unas diosas en una fiesta de humanos? Ja.
Pero ahí estaba él, esperando a que llegaran.

De repente todo el ruido en el salón de baile se apagó y la orquesta empezó a tocar la canción de La Luz y Oscuridad, la melodía se tocaba en ocasiones especiales: cuando era el cumpleaños de las diosas o asistían a un evento y esa era la forma de darles la bienvenida.
Rápidamente se puso de pie y las vio, todos las veían era imposible no hacerlo.
Derya tenía el cielo nocturno en su piel, negro como si no tuviera fin y estrellas salpicadas por sus brazos y mejillas.
Pero aunque ella le parecía hermosa no lo era tanto como su hermana.
Deranni al contrario era luz pura, no brillaba de forma que te lastimara sino de una forma tranquila y serena, sus ojos también reflejaban esa luz y su semblante denotaba sabiduría.
Caminaba con calma y seguridad hacía él, como si no pudiera sentir los cientos de ojos que la miraban y él estaba completamente atrapado en esa mirada.
Entonces ella y su hermana estaban enfrente de él, hicieron y reverencia y Aurel contestó con otra, luego Deranni dijo con una voz que no era suave ni grave:

-Es un honor ser invitadas a su fiesta Su Majestad, hemos oído que son las mejores en todo nuestro hermoso continente.

Y Aurel se sintió como si no tuviera aire e hizo el ridículo, lo único que podía hacer era tartamudear.
Las diosas pretendieron no notarlo pero eso no impidió que al siguiente día fuera a Derweth, el reino de las hermanas y ofreciera sus disculpas a Deranni, ella hizo lo impensable y lo recibió.

No pasó mucho tiempo para que los dos estuvieran repentinamente "enamorados" y tomaran la escandalosa decisión de casarse. Derya trato de hacer comprender a su querida hermana de que ese matrimonio no le haría ningún bien a nadie, ella lo presentía pero Deranni no hizo ningún caso de sus consejos, Aurel la amaría sólo a ella, estaba segura.
El amor la había segado y se había robado su sensatez y sabiduría, la convirtió en alguien irracional, como si hubiera caído en las garras de una enfermedad mental.

Derya se dio por vencida y cuando la boda de Aurel y Deranni se celebró, plasmó un sonrisa en su cara.
El feliz matrimonio se trasladó a Derweth y Aurel heredó su reino a su primo.

Pero Aurel no se mudaba solo, llevaba a sus hijas consigo.

Al principio Deranni no hizo caso porque él sólo tenía ojos para mirarla y oídos con los que no escuchaba a nadie mas que a ella pero los días pasaban y la niña menor, Rosamund, se presentó en la habitación real alegando que tenía pesadillas y quería dormir con ellos.
Lo permitieron claro, ¿que clase de monstruos serían si no lo hicieran?
Pero Rosamund empezó a ir muy seguido y la paciencia de Deranni se estaba agotando. Así fue como el rey y la reina de Derweth tuvieron su primer pelea , los criados lo ignoraron porque era común en todas la parejas y Derya no se enteró ya que prefería pasar su tiempo en la tranquilidad del bosque y las cuevas.
El rey se trasladó a otra habitación y no le habló a la reina en mucho tiempo en el que sólo la pasó acompañado de sus hijas.

Deranni los veía y sentía como sus entrañas se consumían por la envidia y los celos, emociones muy raras en ella, pero les daba la bienvenida ya que eso era lo único que la mantenía en pie cuando fingía que aún se llevaba bien con su esposo. Pero seguía teniendo la esperanza de que él volviera a amarla como lo hizo al principio.
Eso no pasó.



Una noche, después de otra fuerte pelea con Aurel esperó a que todos estuvieran dormidos y fue a los establos, ensilló a su caballo y se dirigió a hacer algo que nunca pensó que haría: visitar a un brujo.

El brujo Mardath era famoso por sus pociones y hechizos, él sabría que hacer.
Cuando llego a la cabaña desvencijada que se encontraba a las afueras de su reino desmontó del caballo y toco la puerta mientras se arrebujaba en el calor de su capa.
Temblaba de miedo, desesperación y esperanza, pero cuando nadie abrió la puerta sus emociones parecieron evaporarse dejando un vacío. Sin la ayuda del brujo ella y Aurel serían uno de esos matrimonios infelices que había visto entre tantos mortales.
Entonces lo escuchó, un rechinido, tan bajo que de no haber sido una diosa no lo hubiera escuchado, se dio media vuelta y ahí estaba Mardath.
Era más joven de lo que esperaba, aparentaba algunos veinte años pero sabía que podría ser sólo unos cien año menor que ella. Su cabello era negro y sus ojos verdes y almendrados, estaba sonriendo y mientras Deranni observaba esa sonrisa se preguntó si él ya sabía porque estaba ahí.


-Vengo a hablar contigo- las palabras le salían a borbotones, una humillación para ser una diosa- necesito una de tus pociones.

Él abrió la puerta un poco mas para invitarla a entrar, ya no sonreía pero se podía ver algo de burla en sus ojos.
La cabaña no tenía cuerpos de humanos colgando del techo como esperaba dado que era el hogar de un brujo, al contrario, los frascos de pociones estaban todos ordenados en estantes y parecía no haber ninguna motita de polvo.

-¿Para que necesita la deslumbrante diosa del amanecer una poción? He oído que te casaste isa que no creo que sea algo para el amor...-la voz de Mardath tenía un timbre ronco que puso mas nerviosa a Deranni

-¡Quiero que sólo me ame a mi!- exclamó mas fuerte y con más enojo del que se consideraba apropiado, pero estaba en casa de un brujo ¿que importaba el decoro?- No a esas mocosas que no han hecho nada por él, sólo darle problemas y preocupaciones, en cambio yo...

-Tu lo amas, harías todo por el- completó con un deje de fastidio en la voz, o era valiente o estaba loco porque nadie se atrevería a hablarle así a una de las dos diosas que quedaban vivas en ese mundo- ya lo he escuchado muchas veces.

-¿Que sugieres?- su voz sonaba temblorosa y los ojos se le anegaban de lágrimas, pero amaba tanto a Aurel que podía ponerse de rodillas frente a ese brujo que no parecía importarle que ella fuera una diosa.

-Definitivamente no una poción de amor porque aun así tendría a sus hijas, necesitas eliminarlas

-¿E-eliminarlas?

-Matarlas, asesinarlas como prefieras.


Deranni tragó saliva. No sabía que tendría que llegar a esos extremos pero no importaba, no quería a esos parásitos que Aurel llamaba hijas así que no le importaba si tenía que matarlas.

-¿Como lo hago?- pregunto decidida.

-La mayoría de las personas matan con cuchillos- respondió el brujo mirándola de arriba para abajo mientras caminaba alrededor de ella- pero tú no eres una persona, eres una diosa. ¿Qué te parece...convertirlas en estatuas de piedra?

Y Deranni se rió porque imagino los rostros de esa pequeñas sanguijuelas, llenos de horror y miedo, pero estarían pagando por robarle a Aurel y era lo justo.

-¿Como lo hago?- volvió a repetir, pero esta vez con una sonrisa que los ciudadanos del continente se sorprenderían si vieran en el rostro de su más querida diosa.

El brujo le regreso la sonrisa.

-Encuentra a Nydor, la mayor parte del tiempo es un Drumlin- al ver la mirada confundida de Deranni explicó- Un Drumlin es una montaña pequeña, puede tomar vida en forma de humana, por lo general personas viejas. Es sorprendente que no conozcas a las criaturas de tu propio reino Su Majestad. Yo sé donde se esconde Nydor, si le hablas a la pequeña montaña mientras la miras, Nydor se verá obligado a cambiar en su forma humana y será tu esclavo. Pero claro, no debes de quitarle la vista de encima o él va a ser libre de irse.

-¿Y en que me ayuda encontrar ese tal Nydor?

-¿Eres así de preguntona siempre?- Mardath rodó los ojos.

Y la ira que Deranni había estado reteniendo salió e hizo resplandecer todo el continente como si fuera pleno día. Ningún brujo le iba a hablar así, ella era una diosa, no una plebeya.

Un grito la devolvió a la realidad y su ira se apagó por toda la que acababa de dejar fuera de ella.

-Lo siento- se disculpó el brujo mientras buscaba algo en sus estantes, pero lo dijo muy a la ligera como para tomárselo en serio, definitivamente estaba loco.- seguro te están buscando por todo el espectáculo que acabas de hacer así que te voy a explicar lo más rápido que pueda para que te vayas. Hay un libro de hechizos llamado El Libro Rojo, es muy poderoso y yo no lo he querido encontrar porque soy un brujo y se me saldría de control- contó como si no le importara, pero ella vio que lo hacía- tú eres una diosa, así que supongo que lo podrás dominar.

-Lo haré.

-Bien- sacó un pergamino de uno de los estantes y cuando lo desenrolló ella pudo ver que era un mapa -Ve a este prado- señaló a un punto del mapa donde se leía la palabra Nyreth- y ahí verás la montaña, no es muy grande, solo tienes que verla durante un tiempo y después dices: ¡Nydor puedo verte, corriendo y sonriendo como un niño en tiempo de calor, te permito verme siempre y cuando me sirvas con fervor! Lo sé, no tiene lógica pero dilo, cuando cambie de forma no lo dejes de ver y ordenale que te entregue El Libro Rojo. Es muy tonto y no tendrás problemas, pero no apartes la mirada.


Mardath le entregó el mapa y le dijo que se fuera.

-¿Cuánto te debo?- preguntó porque sabía que los brujos cobraban grandes sumas de oro por su ayuda.

-Hazme un favor cuando lo necesite. Lo harás sin importarte cual sea.

Y ella que se consideraba lista pero en realidad no lo era porque estaba enferma de obsesión, aceptó.





El punto que indicaba el mapa no estaba muy lejos así que llegó un poco antes de que tuviera que cumplir su labor de llevar la luz del sol al mundo. Se sentó cerca de la montaña mientras dejaba que la luz fluyera por sus manos hacia el sol.
Cuando terminó, recitó las palabras que Mardath le había indicado.

La tierra de la montaña comenzó a partirse mientras un viejo salia de ella.
Llevaba un abrigo hecho de muchas flores que ella no supo identificar porque no era la diosa de las flores y una boina de pasto, sus ojos eran gris claro, su nariz muy grande y no dejaba de saltar por todos lados.

-A Nydor has llamado,parece viejo pero sus huesos son mejores que los de tu caballo amado, y más flexibles que los de un hurón domesticado.

-Dime donde esta el Libro Rojo- ordeno ella sin hacer caso de las divagaciones del viejo.

-Ahora le sirvo a usted, no veo razón por la cual negarme, venga conmigo, pero sin el caballo o va a pisar la hierbas y Fritz se enojará.

Caminaron, o más bien, Deranni caminó y Nydor saltó.
Llegaron al Bosque de Arnmely, conocido por sus arboles hermosos de los cuales brotaban unas criaturas que se hacían llamar Espíritus Caminantes. Ellas y ellos podían aparecer en cualquier forma como quisieran pero Deranni nunca se había topado con uno. Entonces se detuvieron frente a roble, pero al contrario de los otros, este no era verde, tenía hojas hechas de rubíes y el tronco de cristal, a ella no le importó, se estaba impacientando, quería volver a su palacio y que Aurel la amara de nuevo, no pasear por los bosques.
Una paloma llego y se posó en el hombro de Nydor y él exclamó:

-¡Lo tengo!- chasqueó los dedos y un libro grueso color rojo tinto apareció en sus manos, era liso sin ningún título grabado. Cuando Deranni intentó quitarlo de las manos de Nydor este parecía mantener un conversación silenciosa con la paloma y apartó el libro para que ella no lo pudiera agarrar. -Mi amiga y yo nos preguntábamos ¿para que quieres usarlo? Contiene un gran poder, debes saberlo.

-No te importa -siseó Deranni irritada- ¡eres mi esclavo desde el momento en que te llamé, de hecho lo eres desde mucho antes porque yo soy Deranni la Diosa del Amanecer, obedéceme e íncate ante mi!

Y el ingenuo de Nydor le dio el libro.

Deranni regresó a su palacio donde nadie le hizo preguntas, Aurel había salido de la ciudad lo que le pareció más que conveniente. Empezó a  buscar el hechizo, y cuando lo encontró se puso a practicar.
Al principio no pasaba nada pero después las ratas con las que practicaba se empezaron a hacer de piedra.
Era una frase que tenía que repetir, no te la puedo decir porque tiene muchos mas años de antigüedad que este sistema solar y sería incomprensible para nuestras pequeñas muertes.
El caso es que en una sola noche ella dominó ese hechizo y otros más poderosos como abrir las puertas hacia otros mundos y hacer que monstruos de esos mundo desconocidos la obedecieran, pero hizo que regresaran por donde vinieron ya que no los necesitaba. Aún no.

En la cena sólo estaban ella y sus hijastras, ellas se comportaban como siempre lo hacían cuando estaba a su alrededor: pretendiendo que ella no estaba ahí.

Y todo pasó muy rápido, gritó el hechizo tres veces para las tres niñas y sus expresiones llenas de miedo quedaron petrificadas.
Las subió a la habitación del rey sin ningún esfuerzo porque ella era un diosa y las acostó en su cama, parecía como si estuvieran vivas.

Sentía euforia corriendo por sus venas, ¿cuándo Aurel llegara iría hacia ella y le pediría disculpas?
Eso lo vería más tarde. Fue a la biblioteca y guardó el libro en una estantería, como si fuera otro más en su colección, uno común y corriente.
Se encerró en su habitación y esperó ansiosa la llegada del rey.


Lo que Deranni no sabía era que Derya veía desde la oscuridad cuando guardaba el libro, pero no supo que hacer, ya era demasiado tarde, había ido a buscarla cuando vio la explosión de luz pero no la encontró hasta ahora. 
Y Derya se dio la vuelta e hizo como si nada hubiera pasado, una decisión que lamentaría toda su existencia.





Sentado frente al árbol de rubíes que pertenecía a Fritz, quien era un espíritu caminante, o la paloma con la que habló cuando estaba con Deranni, Nydor estaba nervioso. Fritz tenía razón, no debía haberle dado ese libro tan poderoso a la diosa del amanecer, no sabía para que lo quería y los motivos no podían ser muy buenos.
Como si supiera que Nydor estaba reflexionando lo que ella le había dicho, Fritz apareció en su forma humana, una muchacha pequeña y delgada con ojos que cambiaban de color, primero verde, después café, ella podría hacerse pasar por una elfa si no decidiera tener la piel aceitunada en vez de blanca y el cabello rubio, no castaño. Pero Fritz no quería verse como si fuera miembro de esa raza llena de presumidos, o eso era lo que decía.

-¿Qué pasa Nydor?, te ves algo triste-preguntó ella con preocupación en su voz chillona pero que no llegaba a molestar, sino todo lo contrario.

-He estado pensando en lo que me dijiste, el libro, no debí darlo como si fuera uno de mis sombreros. Me arrepiento Fritz.- contestó con voz apesadumbrada el viejo.

-Entonces arréglalo.

-¿Crees que eso sea posible?

-¿Quien dijo que lo es? Tal vez sea imposible, pero con quedarnos aquí sentados no lo averiguaremos.

Y con esas palabras Nydor y Fritz se dirigieron a la cueva donde sabían que podrían encontrar a una aliada, pero no sin antes prometerse que harían todo lo que estuviera en sus manos para quitarle el libro a Derannie.




El Rey Aurel había envejecido un poco en los días que dejó de ver a su esposa y se preguntó si era por haber peleado con ella. Él la quería pero a veces parecía como si ella odiara a sus hijas y si tuviera que escoger entre ella o sus pequeñas las escogería a ellas sin dudarlo.

Cuando llegó a su habitación vio las siluetas de las tres en su cama, tendría que sacarlas de nuevo y eso no era una tarea muy agradable porque Rosamund lloraba cada vez que lo hacía.
Suspiro listo para enfrentar esa gran tarea y se dirigió a la cama.





Derya les había dado toda la información que le pidieron y les dijo donde estaba el libro. Fritz creía que lo tendría guardado bajo hechizos protectores pero no era así, definitivamente la reina estaba loca porque nadie que estuviera en sus cabales habría hecho una tontería como dejar ese libro sin protección.
Nydor lanzó un pequeño hechizo para que los guardias no lo vieran y Fritz tomo una forma alada e invisible.

El plan era este:
Nydor entraría a la biblioteca del castillo porque él era bueno robando cosas y Fritz lo esperaría en una ventana de la cuarta torre derecha del castillo para huir juntos y después esconder el libro donde la diosa del amanecer no lo encontrara.
Y así fue como Fritz vio entrar a su amigo al castillo, los guardias ni siquiera notando su presencia.



Deranni escuchó que el rey había llegado y fue a los aposentos de este ya que él no había ido hacia ella como había esperado.
Lo que encontró la dejó sin aliento, él lloraba como si fuera un bebé mientras apuntaba una daga hacia su corazón.

-¿Por qué me has hecho esto?- preguntó entre gimoteos y ella no lo reconocía porque no veía al hombre risueño e incapaz de llorar porque siempre estaba feliz del que se había enamorado.

-Las amabas más a ellas que a mi- esa fue su respuesta, lo dijo como si estuviera eligiendo que platillo comer y entonces la ira del rey despertó, pero fue una clase de ira calmada, dejó de llorar y se acercó mas la daga al corazón.

-Me quitaste a las personas que mas quería-dijo el mirándola a los ojos como si no sintiera nada- así que yo te voy a quitar a quien crees que amas.

Y él ya se había encajado la daga en el corazón cuando ella procesó lo que quiso decir.
Lloró sobre el cuerpo de Aurel hasta que no quedaron lágrimas, y aunque era hora para que empezara a amanecer ella no le dio luz a nadie porque no tenía ni para ella misma.



Los guardias venían detrás de Nydor, este no tenia las piernas largas pero era más ágil que ellos. Logró llegar a la ventana donde lo esperaba Fritz y le dio el libro.


-Llévatelo- susurró agitado -escóndelo, que nadie lo encuentre.

-Pero te van a hacer algo malo Nydor- dijo Fritz mientras las lágrimas surcaban su cara.

-No tan malo como lo que pasaría si esto se queda en su poder. Haríamos lo que sea ¿recuerdas?

Fritz asintió y sin mirar atrás dejo a Nydor solo, pero no por mucho tiempo porque los guardias lo alcanzaron unos segundos después.


Deranni miraba con repugnancia Nydor mientras dejaba que sus guardias lo torturaran.


-¿Donde está mi libro?- preguntó como si su marido y sus hijastras no acabaran de morir por su causa.

-No sé de lo que me habla- respondió Nydor.
Uno de los guardias le hizo un corte con una navaja envenenada en la cara.

Llevaban horas tratando de hacer que dijera algo pero no lo hacía y la paciencia de Deranni se acabó.

-Vamos a llevarlo a Nyreth- ordenó a sus guardias



Fritz volaba lo más rápido que podía para alejarse del castillo, había perdido la cuenta de cuanto tiempo llevaba haciéndolo hasta que sus alas se cansaron y no pudieron más, se cansó tanto que no pudo evitar su caída.
Cayó al lado de un gran agujero negro, no se veía nada, era como si sólo estuviera el vació y no tuviera fondo, entonces como la cobarde que sentía que era en ese momento, arrojó el libro por el hoyo y se alejó arrastrándose.



Llegaron a donde estaba la pequeña montaña de Nydor y él sabía que era lo que le iban a hacer.
La reina ordenó a sus guardias que cavaran un agujero y lo tiraron dentro, entonces empezaron a enterrarlo, eso estaba bien para él porque podía tomar su forma de Drumlin y no pasaría nada pero sus captores también lo sabían. 
Sintió la maldición golpearlo más pronto de lo que esperaba.



Cuando Fritz pasó por la montaña de Nydor vio algo que no esperaba:
Todo estaba quemado. Las flores, el pasto...todo. 
Eso sólo podía significar una cosa, habían maldecido a Nydor.
Se levantó con las piernas temblorosas para volver a caer y sintió el tipo de maldición que era. Una maldición que no permitiría a Nydor salir de su forma drumlin nunca mas y le prohibía hacer florecer la pequeña montaña, lo cual sería como estarlo asfixiando.

No lloró porque no tenía las fuerzas para hacerlo, así que fue a su árbol y nunca volvió a salir, quedó atrapada permitiendo que el árbol muriera, y se indució a un sueño muy largo como sabía que Nydor estaba haciendo.



El brujo apareció en la puerta de la biblioteca de Deranni.

-Siento tu perdida- dijo con falsa preocupación -pero he venido a cobrar mi favor.

-¿Qué es? - preguntó ella. No le importaba mucho y quería que eso acabara pronto para poder regresar a su luto.

-Quiero que liberes a unas criaturas de otros mundos.

Eso capto algo de su atención.
-¿Por qué?

-Porque- Mardath hizo una pausa para agregar dramatismo -eso nos va a salvar.

-¿De que hablas?

-¿No lo ves?, los humanos sospechan de nosotros, se preguntan ¿por qué la reina no nos da más amaneceres?, sí, su esposo murió pero eso no es excusa, dicen. Hay rumores de que me visitaste y ellos piensan que utilizaste magia, por eso no puedes dar luz.

-Eso es una tontería, ¿Por que la magia no me permitiría dar luz?

-Todo viene con un precio.

Esto dejó a Deranni callada.

-¿En-t-tonces n-no puedo d-dar luz de nue-e-vo?- preguntó cuando recupero la voz.

-Puedo regresarte tu luz si cumples mi favor.

Deranni fue tonta una vez mas, y le creyó.

Invocó portales a nuevos mundos y de ellos salieron criaturas extrañas de todos los tipos, tantas que no puedo describirlas todas y se pusieron a servicio de Mardath y Derannie.
Mardath los envió a vigilar a los humanos para que no quisieran rebelarse por su falta de luz y a hacer esclavos a otras criaturas de distintos reinos del continente.
Así fue como Derannie gobernó a quien ella quisiera y Mardath se hizo su fiel sirviente, pero nunca recuperó su luz.
La oscuridad se extendió en todo ese mundo, Derya seguía cumpliendo su función de traer la noche porque si no lo hiciera sólo quedaría vació y al contrario de su hermana, ella no odiaba a los humanos.

Todos perdieron la esperanza pero no sabían que una pequeña muchacha de otro mundo encontraría el libro rojo y sería su última salvación.






Eso es todo el cuento, espero que les haya gustado. No describí muy bien los lugares y personajes porque me hubiera tomado como cincuenta páginas. Entonces como dije, espero que les haya gustado.



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5 comentarios

  1. Holaaaaa.
    Un cuento un poco largo, me llevó varios momentos leerlo xD Pero estuvo bastante bueno :D
    Gracias por ser parte de la iniciativa ^^
    Y ya está la entrada para las votaciones (:
    ¡Saludos!

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    1. ¡Gracias! Si me salió bastante largo, cuando menos pensé ya llevaba todo eso escrito y tuve que detenerme. ¡Que bien que te haya gustado!

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  2. ¡Hola! Me ha gustado mucho, la idea es original y la has sabido desarrollar muy bien. Un beso :) PD: no no se como seguir tu blog :/

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    1. ¡Gracias! Para seguir blogs hay un rectángulo a la derecha que dice agregar, das click ahí y luego pegas el link del blog, presionas seguir y listo. :)

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    2. En la página de inicio de blogger, olvidé decirlo

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